Reseña en Luces de Antología Poética Nelly Fonseca


LETRA VIVA
Lo masculino y lo femenino
Por: Ricardo González Vigil

A los 9 años, una caída dejó postrada en una silla de ruedas a Nelly Fonseca Recavarren, quien comenzó a vestirse de hombre (un modo de ocultar sus piernas escuálidas) y, poco después, a escribir poemas con el tono viril y marcial (subrayando su “masculinidad”) aprendido en José Santos Chocano, firmando con el nombre de Carlos Alberto Fonseca. Su hogar apreciaba la poesía, la música y la creación artística; baste recordar que sus hermanas mayores, Cristina y Lucha, también compusieron poemas y formaron parte las tres del Círculo Literario y Artístico Internacional del Perú, que dirigía la conocida poeta y compositora criolla Amparo Baluarte.
Pronto los textos de Carlos Alberto, de notable precocidad en el dominio de la versificación y el acierto metafórico, llegaron a la imprenta: “Rosas matinales” (1934, tenía 12 años), “Heraldo del porvenir” (1936, en claro contraste con los heraldos negros de Vallejo), “Luz del sendero” (1938), “El poema de América” (1938), “Voces de América” (1940) y “Sembrador de estrellas” (1942), totalizando varios centenares de páginas al cumplir 20 años. Agregó posteriormente dos poemas dramáticos: “Herodes” y “Betmoora, la que mira al mar” (1949).
Pero he aquí que, antes de editar sus piezas de teatro en verso, ella que se negaba al amor (se sentía incapacitada para ser madre), conforme registra Diego Lazarte, “conocería el amor a través de sus prismáticos. En su butaca, vestida de terciopelo negro y de guantes, sus vivaces ojos no dejarían de seguir los ojos del actor argentino Juan Carlos Croharé, quien perdería trágicamente la vida al poco tiempo de conocerla, en un viaje de compañía por el Ecuador, el cual dejaría una huella imborrable y un libro con su nombre en 1947” (p. 21). La consecuencia principal: terminó aflorando su condición femenina; brotarían así dos poemas con su nombre real de Nelly, “Espigas de cristal” (1955) y “Raíz del sueño” (1963, póstumo).
Todos esos libros, acompañados de una valiosa documentación, Ana María Palacios viuda de Fonseca los donó al C.C. de España, el cual nos entrega un volumen que, además de una antología poética, reúne semblanzas de Diego Lazarte, Milagros Martínez Castellares y Rodrigo Núñez Carvallo; y estudios de Andrea Cabel, Rocío Castro Morgado, Marita Troyano, Sandra Suazo y María Inés Vargas, más una entrevista a la poeta.
Recomendamos todos esos aportes, poniendo de relieve la brillantez de la semblanza hecha por Rodrigo Núñez: hijo de Estuardo Núñez y Cota Carvallo, Rodrigo adopta la voz femenina de su hermana para recrear la impresión que le producía la extraña vecina vestida de hombre que se dedicaba a vestir muñecas.
HOMENAJEA modo de rescate de la obra poética de quien primero publicó con el nombre de Carlos Alberto Fonseca y, luego, con el verdadero de Nelly Fonseca Recavarren, el Centro Cultural de España y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) realizaron en el pasado abril un significativo homenaje, organizaron un conversatorio y presentaron un libro (con una carátula espléndida, propia de los libros-objeto, que está publicando el C.C. de España) con ensayos y semblanzas, además de una muestra antológica.

1 comentario:

betsy dijo...

"La Verdad os hará libres" nunca ha sido más cierta que en el presente caso de rescate de la memoria de la poeta Nelly Fonseca Recavarren emprendida por Diego Lazarte con el auspicio del gobierno español a través del Centro Cultural de España en Lima y la AECID. A pesar de contar con una altísima calidad poética desde su infancia (publicó su primer libro "Rosas Matinales" a los 12 años!), Nelly Fonseca fue duramente criticada en la Antología publicada en 1938 por el abogado tornado en critico literario de apellido Núñez; incluso después de la prematura muerte de Nelly en 1963, tampoco es mencionada en la antologia de Literatura peruana del siglo XX publicada en 1965, tal y como denuncia valientemente el poeta Diego Lazarte en el estupendo libro que edita para el CCE y AECID como justo homenaje a la poeta nacida en Pacasmayo de ancestro peruano y español. Esa actitud incomprensible fue penosamente imitada por otros individuos del ambiente cultural limeño, como aquél que, al ser preguntado en un encuentro casual en la Feria del Libro del Jockey del año pasado, por las razones de esa condena al ostracismo hacia Nelly, respondió muy suelto de huesos: "Es que no se puede poner a todo el mundo...". Hmm, argumento bastante significativo del autor de Letra viva que, sintomáticamente, opta por destacar con fruición, el texto que pertenece precisamente al hijo del critico literario mas festejado del siglo XX que condenó a Nelly desde el saque hasta post mortem...Digno de sicoanálisis que sean precisamente hombres los que marginaron - y marginan- a Nelly, quiza amedrentados sin querer por la onmipotencia de la capacidad inagotable de la poeta para re-crearse en una voz masculina como la de su seudónimo "Carlos Alberto Fonseca". O quizá esa presencia desafiante de Nelly, enfundada en un terno-a-lo-oscar-wilde, que llega a dirigir la página cultural del diario La Crónica por varios años, invitando a lo más selecto del parnaso continental a plasmar su pluma para deleite de sus lectores peruanos, es lo que los hace temblar de ira o caer presos de un temor irracional. Pretendieron silenciar a Nelly de las antologías, asi como siniestros sacerdotes borraron el nombre de Nefertiti y otras nobles mujeres de las tumbas reales egipcias pretendiendo así desaparecerlas de la Historia. Vano oficio! Ahora Nelly es rescatada del olvido por una entusiasta pléyade de jóvenes colegas, cuyas ponencias se pueden leer en el libro editado por Lazarte y comprobar la excelencia de su análisis y la calidad de sus interpretaciones sobre la extraordinaria Nelly. Esto es solo el comienzo, se intuye la punta del enorme iceberg que envuelve la riqueza de la obra de Nelly Fonseca Recavarren y su personalidad de avanzada, sus dotes de visionaria y su fina sensibilidad al retratar al ser humano, a ella misma finalmente, mucho más allá de la encasillada figura de "fenómeno" a la que quisieron aprisionarla unos cuantos pobres de espíritu. Lo siento, señores: NELLY VIVE.
Betsy Recavarren de Hermoza